Por Leo Schwarz 

@Leo_Schwarz 

Enviado especial a Mar del Plata  

Los elevados índices de ocupación hotelera, que alcanzaron un 70% en Año Nuevo, quedaron en el olvido. Aunque las Fiestas en La Feliz pasaron con una concurrencia elevada, la primera semana de 2017 no goza de los mismos dividendos, ecuación que puede percibirse fácilmente con sólo caminar por el centro de Mar del Plata.

Las peatonales, que muchas veces fueron denigradas por el exceso de gente que caminaba por allí, en estos días lucen más desiertas, generando que los restaurantes sean los principales damnificados. Anoche, “Crónica” hizo una recorrida por los principales comercios de comida de la zona y en todos ellos la respuesta fue unánime: “Esperábamos más cantidad de gente”.

En el verano anterior, el argumento para justificar el año negativo tuvo que ver con los elevados costos. Conocedores de esta situación, las personas que disponen de negocios y necesitan de la presencia de los turistas tomaron nota al pedido: la inflación fue casi imperceptible en esta ocasión.

De esta manera, a la hora de hacer una comparación entre 2016 y 2017, los aumentos fueron escasos. Y si bien Mar del Plata ofrece un repertorio inigualable que se adapta al bolsillo y al gusto de cada turista, el promedio por persona para comer es de 200 pesos, incluyendo plato principal, una bebida y postre.

Así y todo, por el momento la ecuación continúa arrojando resultados poco auspiciosos. “En la televisión dicen que entran miles de autos a la ciudad pero por el momento es mentira, se ve poca gente en la calle y sinceramente no consume demasiado. A veces acuden un poco más a los delivery porque es algo más barato. En estos últimos años las familias llegan con lo justo y miden absolutamente todo, por eso a veces creemos que ‘comer afuera’ parece un lujo”, comentó a este diario Margarita, responsable de la atención en uno de los locales característicos de la zona.

A pocos metros, unido por la misma incertidumbre, nos topamos con Mario, encargado de una pizzería, quien comentó: “Hay trabajo, pero no es el que hubiésemos deseado”. Y acotó: “En las necesidades básicas como la comida uno espera que siempre le vaya bien, pero la realidad es que el país está en crisis y repercute en todos los ámbitos. Nosotros no somos la excepción”.

Dicen que en la segunda quincena los números suelen mejorar. Pero, por ahora, la situación es incierta