El domingo por la noche la Reina Isabel II dio un inusual mensaje a la nación – solo lo hace en navidades y contadísimas ocasiones– para apuntalar la acción del gobierno y sostener el espíritu colectivo. Mensaje de valor simbólico en momentos de tempestad, no servirá de sustituto de las decisiones que tendrá que tomar un gobierno que no caracterizó por la coherencia de su política frente al coronavirus.

El 3 de marzo el mismo Boris Johnson afirmó en una conferencia de prensa que había estado en un hospital que tenía pacientes de coronavirus y le había dado la mano a mucha gente. Unos días más tarde el gobierno anunció que el Reino Unido abandonaría los tests de coronavirus. El jueves pasado, el ministro de Salud, Matthew Hancock quiso compensar este último error con un giro de 180 grados de los que han abundado en las últimas semanas. Según Hancock, el objetivo ahora es llegar a 100 mil tests diarios, una quimera para muchos especialistas.

La llamada "guerra contra el coronavirus" continuará ahora con el primer ministro en Terapia Intensiva y el impredecible Dominic Raab al frente del gobierno. Nadie lo dice en voz alta, sería poco delicado en este momento, pero se ha empezado a reclamar una investigación pública de la política gubernamental que incluya el manejo de la información en torno a la salud de Johnson.