31 de agosto de 2019

Crónica de una muerte anunciada

Por Martina Lorenzutti

Este título que alude a la novela del escritor colombiano premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez no está lejos de ser un realismo mágico que es vivir en un país como la Argentina. Un sube y baja. Un carrusel que nunca se detiene. Todos los días una incógnita, una inquietud constante. Aunque actualmente se parece más a estar cayendo en un pozo negro e interminable.

¿Por qué todos los que tenemos algunos años, tenemos la sensación de que se repite la misma película con casi los mismos actores, pero en un contexto diferente? Los economistas de siempre, más algunos de la nueva promoción son los mismos: Sturzenegger, Melconian, Espert, Prat Gay y el recientemente ido Dujovne, a modo de chivo expiatorio. Entonces aparece el último alfil: Hernán Lacunza, que fue movido en el tablero desde la provincia de Buenos Aires a Nación, luego de dejar tras su gestión un territorio arrasado como es la provincia donde gobierna María Eugenia Vidal.

Al igual que sus antecesores trabaja para los intereses de un único jefe: el establishment financiero mundial. Son los que participan de esta orgía de capitales especulativos de tipo golondrina que no invierten ni dejan un solo centavo en el país, sino todo lo contrario lo saquean y se llevan sus ganancias en dólares afuera del país hacia los centros del poder económico mundial.

Cambiemos en estos casi cuatro años solo se ha dedicado a destruir de una manera brutal el aparato productivo, a la economía interna y por ende al consumo de la mayoría de la población. La dolarización es su norte y al no poder controlar la subida del precio del billete estadounidense con una inflación que no tiene límites con salarios que apenas alcanzan. Aunque lo niegue, la gran parte de la clase media destina la mayoría de sus ingresos a cubrir la canasta de alimentos y a tratar de pagar los servicios básicos.

Para los que integran este gobierno su Dios es el mercado. El único interlocutor al cual se dirigen. Tenemos como ejemplo al presidente Macri quien últimamente y tras la paliza en las urnas se acordó que existe un pueblo al que dice comprender y escuchar. En modo pastor evangélico lee discursos que solo provocan incertidumbre tanto en los mercados como en la población. Lo cierto es que cada vez que habla públicamente algo malo sucede. Nos han sumergido en esta bicicleta financiera sin más mínimo permiso. El acuerdo con el fondo ni siquiera fue aprobado por el Congreso, se hizo por decreto. Pero eso si la cuenta de esta fiesta para pocos la pagamos todos. Con el FMI soplándonos la nuca el final de este gobierno no se vislumbra como un tiempo calmo.

En abril del 2018 cuando se disparó el precio del dólar Macri anunció que estaba iniciando conversaciones con Christine Lagarde. Nos vendió que endeudarnos con el FMI era la solución, el único camino posible. La estampida del dólar y por consiguiente la devaluación del peso argentino fue algo claramente provocado para hacer intervenir al Fondo nuevamente en nuestra economía doméstica. Los dólares frescos eran y siguen siendo necesarios para seguir sosteniendo la fuga constante de capitales. La timba financiera es muy tentadora para los que especulan ya que están ofreciendo los intereses más altos del planeta. Un negocio mega millonario para un pequeñísimo grupo de inversores. Crearon las Lebacs, Leliks, Letes, Lecaps, Lecer y Lelinks: todos bonos financiados con la plata del tesoro. Las últimas noticias son que algunos bonos van a ser reestructurados. Prácticamente ya nos encontramos en estado de default, pero esta vez es un default selectivo.

El economista Martín Guzmán nos advierte en una nota del viernes 30 del diario Página 12 que hay que evitar por todos los medios un nuevo megacanje porque esto provocaría que nos precipitemos directamente a un escenario similar al de 2001. Señala que los intereses de la deuda serían tan grandes que provocaría la cesación total de los pagos. Los bonos argentinos se convertirían prácticamente en papeles basura y nuevamente los fondos buitres se harían un festín. Recordemos la larga lucha de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y su equipo económico en el juzgado de Nueva York y al ya fallecido juez Griesa embargándonos la Fragata Libertad. ¿Quién se ocupó realmente de la soberanía económica, un gobierno de tipo “populista” o este que nos puso nuevamente de rodillas en calidad de deudores?

El FMI tendría que asumir un nuevo fracaso por guiar a los países hacia políticas que llevan directamente al quebranto. Este nuevo verbo REPERFILAR ya se usó en Grecia en el 2011. Que el Fondo Monetario Internacional aparezca “equivocándose” una vez más como es habitual, nos hace pensar que no es así, que hay un guion oculto y establecido para nuestro país del que se van cumpliendo todos los protocolos. Es difícil creer que afamados economistas con años de trayectoria, puedan suponer que a cambio del dinero prestado podamos cumplir con metas fiscales y de inflación. Algo prácticamente impracticable en un país cuya economía se retrae por la falta de consumo y donde segundo a segundo en una sangría continua se cierran fuentes laborales. Los griegos van a estar endeudados los próximos 50 años y pueden según se sugirió pagar con sus islas. Bueno, todos sabemos los inagotables recursos naturales e hidrocarburíferos como Vaca Muerta que tiene nuestro país.

La realidad es que van a entregar un país con las reservas del Banco Central en rojo. Un país quebrado, endeudado y sobre todo hambreado. El BCRA estaría por limitar el giro de utilidades de la banca privada al exterior. Enhorabuena.

Y ese es otro gran tema de la semana: la enorme movilización que hubo este miércoles por el centro porteño, la cual solo se pudo visibilizar por redes y algunos pocos medios porque la gran mayoría la invisibilizó. Una contundente demostración de que nadie se duerme y de que todos estamos movilizados física, psicológica y moralmente. En contraposición con los que fueron el sábado pasado a la Plaza de Mayo a defender al presidente Macri y algunos a provocar e insultar a los pocos medios críticos que quedan. Ellos fueron con la sube, los otros con la panza vacía. Los movimientos sociales fueron a reclamar la urgente declaración de la emergencia alimentaria, pero el gobierno a través de su ministra de desarrollo social, Carolina Stanley sigue en la misma postura haciendo oídos sordos.

Como es su costumbre continúan dándole la espalda a la gente. Están tan ciegos que no pueden percibir la realidad de miles y miles de chicos que están creciendo con la carencia de alimentos básicos. Ellos solo saben mirarse el ombligo. Una ministra como Patricia Bullrich reconociendo por televisión que no se esperaban el resultado de las Paso. El hambre tampoco espera: es ayer, es hoy y es mañana también.

La gran pregunta del millón: ¿porque la mitad de la gente decidió votar por su propio verdugo en octubre del 2015?

Aunque debiéramos preguntarnos y contestarnos ¿qué se necesita para que esto no vuelva nunca más a suceder? La respuesta es simple: más educación, más salud, mejor información, mejor formación. En un país de tan solo 50 millones de personas que tiene recursos para alimentar a 500 millones nadie debería padecer carencias alimenticias.

Recordemos que antes de que asuma este gobierno el creador de la Red Solidaria, Juan Carr sugirió que estábamos casi por llegar al hambre 0.

Estamos visiblemente en un momento muy delicado, donde la gente se expresó en las urnas y lo hará nuevamente en octubre. Es La crónica de una muerte anunciada de un gobierno que se va y otro que deberá como el ave Fénix hacer renacer a todo un país de sus cenizas. Donde no podemos dar ni un paso en falso, ni ceder a provocaciones porque estamos al borde de una cornisa. Cualquier cosa puede suceder y tener derivaciones insospechadas.

Esperemos que podamos atravesar estos últimos tiempos de transición en paz.

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