OPINION

12 de agosto de 2019

El sol sale para todos

Fotografía: Marcelo Aballay

Por Mónica D'Assisi

Finalmente llegó el día donde a pesar de llevar en nuestras espaldas el peso del error colectivo volvimos a levantar la bandera de la esperanza.

Ese día en que todos nos abrazamos mirando al futuro como opción para salir de esta red tejida por ambición, mentiras y desprecio por la patria y se transforma en una escalera para salir del pozo y respirar aire nuevo.

A pesar de la confianza no supieron administrar el poder en pos del bien común. Creyeron que robarían fácilmente la inteligencia de cada ciudadano pero solo compraron medios afines a su deshumanidad y crueldad , a su indiferencia por la patria y al amor a su propio bolsillo.

No pudieron sostener el relato destructor, no lograron que los equipos de TV refrigeren el poco alimento que millones de argentinos - que tienen aún el privilegio de mantener sus fuentes de trabajo- pueden conseguir con un miserable ingreso, mientras que ellos viven de grandes ágapes y cuentas offshore que alimentan a costa del sacrificio y sufrimiento del pueblo.

Casi cuatro años donde la enfermedad y la tristeza se aliaron.

El mismo tiempo donde vemos padecer y hasta morir, a nuestros queridos viejos , relegados a la “cosificación vencida” porque no producen para el señor feudal, como si no hubiera sido suficiente una vida de lucha y de trabajo constante.

El mismo tiempo donde muchos chicos pobres volvieron a ser “copilotos” en los carros de sus padres, recicladores urbanos, que pasaron a ser desocupados por recibirse de “planeros”.

Cuatro inviernos que las calles cobijan a los indigentes que tienen la suerte de no ser quemados vivos por la patota oficialista.

Días convertidos en una eternidad lastimosa que hiere nuestra historia.

Se agotaron las lágrimas.

Y fue, como dijo una gran patriota, luchadora por los derechos de todos y todas (Eva Perón): “el pueblo hizo tronar el escarmiento” y las urnas hablaron por cada uno de nosotros y nosotras.

De ahora y hasta octubre nos esperan días más duros.

El dueño del circo está enojado porque su órden no fue acatada y el pueblo no se durmió

Pero en las primeras horas del dia después se sintió el latigazo.

La incertidumbre de un mercado de amigos liberado al azar enojó aún mas a los que ya identifican a los verdaderos culpables de la catástrofe. Se agotó el relato de “La culpa es del otro”.

Argentina despertó , el resultado electoral es el mejor documento y la alegría volvió a cubrir las calles, los barrios, las ciudades más alejadas del centro del infierno, cada casa, cada uno de nosotros y nosotras.

Tenemos que seguir despiertos y desobedecer la orden de dormir, porque para recuperar lo perdido nos queda un largo camino de voluntad y trabajo.

Fueron casi cuatro años de oscuridad pero al fin llegó el momento esperado y el sol sale para todos.

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