OPINION

1 de marzo de 2019

La razón de María Elena

Por Mónica D'Assisi


Decía Cicerón que “La única verdad es la realidad”, y ciertamente es una realidad que en los tribunales de Comodoro Pro (perdón- Py) hay un clima de nerviosismo extremo.

A pesar de “trabajar” incansablemente en la creación de causas donde pudieran involucrar a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a sus hijos, a su entorno, y a todo aquel que le salpicara la letra K en su identificación partidaria, asociados a los medios hegemónicos, periodistas hambrientos de “subsidios de acompañamiento” y parte de una sociedad gestada por el odio del fracaso, los administradores de la justicia argentina están en aprietos.

Del poder y la prepotencia al temor de la verdad.

Pasaron por incomprensibles pedidos de indagatoria, desprolijos allanamientos, persecución a opositores políticos y omisión de corrupción del actual ejecutivo, a tener que pensar de qué forma van a poder zafar de la mugre interna que se los está devorando.

 

La causa de los cuadernos de Centeno, una de las más ridículas inventadas por Bonadío y sus secuaces (y a medida del macrismo explícito), no solo no cuenta con las pruebas necesarias para una investigación seria sino que tampoco existen actores judiciales con la decencia suficiente para representar a la justicia.

Coimas, sobornos, denuncias contra jueces y fiscales que militan para el gobierno de Macri y que intentan por todos los medios esconder la corrupción que los envuelve pero que cada día los va dejando sin aire.

En medio de todo este circo mediático judicial aparece una nueva prueba de corrupción, donde el pseudo abogado detenido Marcelo D'Alessio, colaborador de extorsión con el fiscal  Stornelli ) habla claramente con otro “socio” (quién también extorsionaba al empresario Pedro Etchebest)y afirma que el dinero incautado de los bolsos del convento (caso José Lopez)  fue reemplazado por dólares falsos.

Quién hace esta maniobra es un “peruano” contactado por la mafia judicial. (Audio en cabeza de nota)

Hay jueces honestos y decentes, pero si no acompañan las decisiones del “capo” son destituídos o apartados del cargo.

Es imposible imaginar la democracia en un país donde el poder judicial está corrompido.

Tal vez la realidad se acerque más a la razón de María Elena Walsh en el reino del revés, cuando afirmaba que “el ladrón es policía y otro es juez y que dos y dos son tres”.

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