OPINION

3 de enero de 2019

Los días más felices

Por Jorge Giles ·
@agenciatimon

Me duele todo el cuerpo. Así termino el año. Y me duele el alma. Y me duele la memoria. Y me duele que dejen de identificar a nuestros muertos queridos por falta de presupuesto al prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense. Me duelen Milagro Sala y los presos políticos. Me duele y me ofende la persecución a Cristina Kirchner. Me duelen los pibes de la calle porque ellos son el verdadero riesgo país. Me duelen los ojos de ver tanta ausencia. Me duele Malvinas, solita su alma ante tanto cipayo gobernando. 

Habrá que ser capaces de transformar tanto dolor en otra cosa, en indignación, en rabia, en amor sí, pero en un amor que arda hasta quemar las naves de este tiempo miserable, para volver a navegar hacia un destino mejor con naves nuevas. 

Estamos a punto de cruzar el Jordán de nuestras desdichas. 

Del otro lado espera por nosotros y nosotras, una vida más justa y un país soberano.

¿Seremos capaces de cruzarlo? 

Llega Nochebuena, Navidad y Fin de año y las imágenes se mezclan, los sentimientos también y en medio de este lindo balurdo que se llama Argentina, emerge pese a todo y contra todo, un saldo positivo desde el fondo de la sociedad: la revolución feminista que avanza a paso redoblado.

Algo así como el desarrollo desigual y combinado de la historia humana. Como si el avance brutal de la derecha local, regional y mundial no pudo o no supo impedir el paso triunfal y doloroso de las mujeres. Ahora ya es tarde. No hay ni habrá marcha atrás. Por más que algunos se mimeticen por afán oportunista, la correntada feminista derriba diques patriarcales y construye los cimientos de una nueva sociedad. Todos estamos llamados a ser mejores personas. A corregir errores. A crecer y pedir perdón cuantas veces sea necesario. A mirar la vida desde la vida misma.

¿Seremos capaces de estar a la altura de los tiempos? 

La derecha dominante no descansa y pretende reagrupar fuerzas en torno al dios mercado y a la cadena de medios hegemónicos que lo publicita con fuegos artificiales y tiros por la espalda. Insisten en su cometido de pretender borrar la identidad del pueblo, sacando de circulación los billetes con el rostro inmaculado de Eva Perón y anunciando desde Londres la rendición en la última batalla que nos queda por librar por nuestras Islas Malvinas: la batalla por la memoria popular. Ya lo hicieron antes y se repiten ahora. Y una y otra vez fracasarán en ese vano intento. Porque Malvinas tiene de pueblo al pueblo argentino, y para ser más precisos, a los compatriotas fueguinos. Y porque los días más felices fueron y serán días peronistas. Con sus errores, con su frentismo desprolijo, con sus divinas groserías de choripán y vino, con sus olores y presencias indeseables, con todos los achaques que prefieran enunciar, aun así, cada vez que te preguntan: 

“¿Cuándo vivías mejor, con Macri o con Cristina?” La respuesta surge más fácil que la tabla del 2: “¡con Cristina, por supuesto!” 

Una obra de teatro dirigida por Rodrigo Cárdenas y con un elenco de artistas maravillosos, lleva justamente ese nombre: Los días más felices. Y uno se conmueve al descubrir y reafirmar que no hay pasado fosilizado en el fondo de la historia popular, sino una historia que fluye por los cuatro costados, que emerge una y otra vez con su barro y con sus glorias, con su sangre derramada, con sus amores y dolores. Por eso Evita anda entre nosotros, no como un pasado muerto, sino como un presente vivo que está diciendo que vuelve toda vez que sus grasitas se unan y organicen y empujen hacia arriba con todas sus banderas. 

El espíritu navideño nos lleva a estos desvaríos, se dirá quizás. Pero en estas últimas líneas del año, el corazón se desborda y sangra por todos sus costados. Venimos de estar en Margarita Belén con los familiares y los compañeros que fuimos testigos de la masacre de la dictadura contra una treintena de militantes de la Juventud Peronista y entonces el pretendido balance de fin de año se resiste a concluir con aires de derrotas; por el contrario, se arropa de convicciones en que será posible volver a construir los soles y las lunas de la mesa tendida en el medio del patio familiar para seguir creyendo que otro país es posible, simplemente porque ya lo fue. Nuestros muertos queridos se despiden con la Ve de la victoria. Siempre. 

Por lo demás, las cifras y las estadísticas de la devastación humana están allí al alcance de quien las quiera ver. Y el pronóstico extendido coincide en señalar que el año que se inicia estaremos peor. Más deuda y dependencia externa, más inflación, más desempleo, más hambre, más represión, más recesión, más devaluación del peso, más destrucción de empleo y producción. La lista sigue, pero ¿para qué volver a repetir lo que sabe el bolsillo y la ruina colectiva?

Vaya de regalo este mensaje navideño: no olvidemos nunca que la única salida es la movilización popular y la memoria y que el neoliberalismo, en cualquiera de sus variantes, sólo trae dolor y más dolor.

¿Seremos capaces de aprenderlo de una vez y para siempre? 

Que así sea.

www.agenciatimon.com

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