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28 de octubre de 2016

Lo que el viento no se llevó

Homenaje a Néstor Kirchner a seis años de su desaparición física

 

Un día como todos, pero distinto. En el aire se respira una tristeza particular, diferente a la que nos invade la realidad desde hace unos meses.

Un 27 de octubre del año 2010 desaparecía físicamente el mejor presidente que tuvo la Argentina durante este siglo. Discípulo de Perón, aunque muchos no lo quisieron aceptar, dio pruebas claras que lo más importante para él era la gente, los trabajadores, los pobres, la Patria. Y como si eso no le bastara enseñó a un pueblo -rasgado en las esperanzas fallidas de promesas que nunca se cumplieron a través de los años- a comprender que la participación política es fundamental para construir una patria para todos.

Un hombre particular, casi desconocido en un principio, pero con las expectativas que luego serían cumplidas. “No vengo a dejar mis convicciones en la puerta de la casa de gobierno”, dijo en su primer discurso como presidente. Y lo cumplió.

Un “armador” político incomparable.

Se enfrentó a los poderes más salvajes: logró enjuiciar a los represores de la última dictadura y reivindicar la lucha de los desaparecidos.

Se plantó frente al poder económico dominante fortaleciendo nuestra soberanía y nuestra independencia económica.

Hizo posible nuestra integración al mundo donde dejamos de utilizar “plumas” en la cabeza, para usar libros en las escuelas.

Un hombre que no medía los límites cuando de acercarse a la gente se trataba. El protocolo de seguridad no estaba hecho para el. Se colgaba de los autos, trepaba vallas, saltaba de un escenario tan solo para abrazar a quienes extendían sus brazos en señal de agradecimiento.

Un hombre amado y odiado. Amado porque generó lucha, trabajo, esperanza. Odiado por lo mismo.

Trajo indiscutiblemente la gran transformación política y social. La historia lo dice y el poder fáctico no lo perdona.

Un ser de esos que pasan por la vida, y dejan tanto que es imposible olvidar. Se lo ve en un niño que va a la escuela, en un científico que se desarrrolla en nuestro país, en una fábrica que produce, en un trabajador, en un abuelo que recuperó derechos y respeto, en una mujer que es valorada, en el amor que no tiene prejuicios ni fronteras.

Demasiado fuego para apagarlo con un simple soplido

Hoy, a seis años de extrañarlo y en un país muy distinto al que había logrado reconstruir , hay páginas de la historia que no podrán ser borradas.

Prohibir su nombre en edificios, retirar su retrato de la casa Rosada, destruir monumentos y o perseguir a todo aquél que reivindique su nombre no es un castigo; es un honor. Lo reafirma como el inalcansable gran transformador .

Dicen que lo liviano se lo lleva el viento.

Nestor Kirchner será por siempre “Lo que el viento no se llevó”

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