Por Luciano Bugner

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El llanto de Cecilia duele. Hace un año está con lágrimas. Y, aunque su voz se quiebra al recordar el abuso que sufrió su hija, ella sigue de pie, entera. "Lo único que pido es que la sigan atendiendo", implora. Desde mediados de octubre del año pasado, cuando Fernanda fue abusada por el chofer municipal que la trasladaba a un centro asistencial de Pilar, la intendencia le dio la espalda y la dejó sin tratamiento para la parálisis cerebral espástica que padece la joven. Por su parte, el acusado continúa trabajando para la municipalidad.


El recorrido que hacía Fernanda Alvarenga -de 31 años- con Osvaldo, el chofer acusado, era de 20 minutos. "Venía a buscarla a mi casa, que en aquel momento quedaba en Villa Rosa, y la llevaba al centro Pilares de Esperanza. Viajaban ellos dos solos. Había confianza", relata Cecilia.

Sin embargo, ese viernes 16 de octubre del año pasado, recibió un llamado poco agradable. "Me dijeron que a mi hija le había pasado algo. Entonces fui al centro y la encontré en un estado de crisis que jamás me voy a olvidar", añadió. Su hija, llorando, le confesó: "Mamá, me tocó la cola y me amenazó".

Cecilia Capitani, quien hoy pelea sola contra toda la municipalidad, habló con Fernanda aquella jornada. "Como ella camina con el andador, el hombre le dijo: ‘Ya te la voy a poner para que camines bien. Y si me denuncias, nadie te va a creer porque estas loca’. Es por eso que, durante dos meses, mi hija no contó nada. Hasta que ese viernes explotó". Además, según denunció ante "Crónica" la mujer, el chofer también halagaba los pechos de Fernanda.

Cuando pidió ayuda, "nadie quiso darme una mano. Desde el centro me dijeron que me iban a ayudar, pero que no haga la denuncia, ya que el hombre es empleado estatal". Sin embargo, desde el área de discapacidad iniciaron los trámites de la denuncia, la cual está radicada en la Fiscalía de la Mujer de Derqui. De todas maneras, el hombre sigue trabajando para el municipio. "Está en mantenimiento del hospital de Pilar. Más de una vez fuimos para que nos atiendan y, cuando nos ve, se nos ríe en la cara", añadió.

El ruego que tiene Cecilia, y que sale desde sus entrañas, es que "nos devuelvan los médicos. Ella iba una vez por semana al centro. Fue cinco años, y mejoró muchísimo. Había empezado a caminar, y ahora ya no se anima. Necesitamos médicos y recetas. No mucho más".

Cecilia y Fernanda, quienes viven en Derqui, están en una pequeña pieza alquilada. "No nos pueden dejar el tubo de oxígeno porque es un peligro. Hay poca ventilación", reconoce.

La víctima, que sufrió de asfixia al nacer, tuvo una convulsión hace seis años, lo que derivó en un infarto cerebral. "Desde ese día quedó espástica", aclara su madre. Antes de eso, y a pesar de su discapacidad, viajó varias veces a Mar del Plata para competir por los torneos bonaerenses. "Trajo cinco medallas de oro en lanzamiento y velocidad. Competía con una silla de ruedas prestada, porque somos una familia humilde", subraya Cecilia Capitani.