Las bondades de la "ciudad maravillosa" no existen para los miles de indigentes que cada día recorren las calles de Río de Janeiro. Muchos, ya sin esperanzas, pero otros aún sueñan con reinsertarse en el mundo laboral. Uno de ellos es Vilmar Mendonça, quien se quedó sin trabajo después de ser gerente de Recursos Humanos de varias empresas y lo perdió todo.


La profunda crisis económica que golpea a Brasil le llegó en 2015, cuando fue despedido, y desde entonces no volvió a trabajar. En consecuencia, después de mantenerse con sus ahorros durante algún tiempo, se quedó sin nada y se vio obligado a enfrentar una nueva realidad: en la calle, durmiendo en el banco de una plaza.

"Es una situación terrible, pero no tuve alternativa", contó, mientras revisa oportunidades laborales en su computadora, aprovechando el wi fi público del aeropuerto Santos Dumont, de Río. Aunque las posibilidades existen, la competencia es mucha, más joven y, por lo tanto, con más posibilidades.

Durante el día, el aspecto de Mendonça no es como el de los otros indigentes que pululan por las calles cariocas. Usa una camisa formal y zapatillas modernas, hace gimnasia, se sienta a leer en cafés-librerías y escribe en Facebook, donde se presenta con traje y corbata.

Sin embargo, se asea en baños públicos y come gracias a la asistencia que le brindan varias ONG de la zona.


Soledad


Mientras espera que llegue un futuro mejor, y pronto, este licenciado en Administración de Empresas, quien hasta trabajó para la filial de una multinacional, intenta no entrar en el mundo de los sin techo. "Trato de estar solo para no perder el foco de mi vida, porque si empiezo a juntarme con otros, puedo empezar a convivir con cosas que no quiero, como alcohol, drogas o suciedad", contó, a la vez que lamentó: "En una situación así, nadie quiere estar cerca tuyo".

En esta soledad pasa los días Mendonça, aparentando que nada cambió en su vida. No obstante, su pesada realidad se hace más visible durante las noches, cuando se cambia, se pone ropa muy humilde y una gorra y se acomoda sobre uno de los tantos bancos de una plaza ubicada junto al aeropuerto Santos Dumont, para volver a dormir bajo las estrellas.

Según datos de la alcaldía de Río de Janeiro, a fines del año pasado 14.279 personas vivían en la calle, el triple que en 2013. De ellos, 70 tienen estudios superiores, pese a lo cual también fueron víctimas de la crisis.