Por Gabriel Arias

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A pocos días de cumplirse 10 años de la “partida” del “Negro” Roberto Fontanarrosa, y a modo de homenaje, se está llevando adelante una muestra en la ciudad de Rosario, en la cual hay objetos, recuerdos y actividades interactivas que permiten conectar a la gente con los personajes del reconocido escritor.

La muestra se llama “Fontanarrosa... el mayor de mis afectos”, y es una exposición interactiva que recorre la vida del genial dibujante rosarino. La misma fue organizada por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe y la Municipalidad de Rosario, y tendrá lugar hasta septiembre, aunque los organizadores planean extenderla hasta octubre, no sólo por su éxito sino porque se avecina en esta ciudad el Congreso Internacional del Humor.

Personajes como Boggie, Inodoro Pereyra, Mendieta y la Eulogia están presentes custodiando los dibujos, fotos, objetos, proyecciones, mesas de café, dispositivos lúdicos, dibujantes, alguna bandera de Rosario Central (su querido club) y hasta se puede ver su Citroen 3 CV verde.

Hay que resaltar que la entrada es gratuita y el horario para asistir al evento es de miércoles a domingo de 14 a 19, y se la puede visitar en el Galpón 13 de la Franja Joven del Río (a la altura del Monumento a la Bandera).

La propuesta fue inaugurada por el gobernador santafesino Miguel Lifschitz y la intendenta rosarina Mónica Fein, además de otros funcionarios provinciales. El predio está montado en 1.800 metros cuadrados con cinco grandes módulos, 10 dispositivos lúdicos y la recreación del bar “El Cairo”, con la mística que Fontanarrosa y sus amigos le imprimieron en aquellas charlas nocturnas de café.

Con una cierta mirada melancólica en sus ojos, Crónica pudo dialogar con uno de los integrantes de la famosa “mesa de los galanes”: “Chelo” Molina, quien dijo de manera contundente que “al Negro Fontanarrosa la ciudad le quedó muy chica, me parece que traspasó cualquier límite cultural y geográfico de la ciudad de Rosario. De hecho, todas las invitaciones que tuvo a los congresos de humor por todo el mundo no fueron porque era rosarino, sino porque era un tipo genial de esos que deberíamos tener la garantía que sean perpetuos, que duraran para siempre. Es imposible hablar de Rosario y que él no esté presente, porque es un pedazo de este lugar”.

Molina agregó con algo de evocación que “nunca nos hizo sentir que era el gran Fontanarrosa, era un amigo que estaba en el café, el asado o en el hecho de hablar pavadas. Uno sabía la dimensión del Negro y su obra, pero él no te lo hacía sentir así. Era como estar sentado al lado de John Lennon, y vos sabés quién es y no te lo hace sentir de ninguna manera. Era un tipo muy simple, y una anécdota dice que una vez estaban grabando un programa de radio en la puerta de ‘El Cairo’, y un periodista que estaba en el móvil le preguntó cómo se explicaba el capricho de quedarse a vivir en Rosario, y él le dijo: ¡Es un capricho que comparto con un millón de rosarinos!”.

Consultado sobre aquellas mesas en el tradicional café “El Cairo”, el hombre argumentó que “fuimos tocado por la varita mágica por haber formado parte de ese increíble grupo, para mí es todo un privilegio. Hoy se lo extraña mucho y ver esta hermosa muestra es un sensación muy particular en lo personal, porque uno aparece en las fotos con el Negro, en grabaciones o entrevistas y lo único que se puede hacer es recordar ese momento, que fue maravilloso e inolvidable”.