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Por Gabriel Arias
garias@cronica.com.ar

Si bien el Día del Amigo fue instituicionalizado en nuestro país el 20 de julio de 1969 (fecha en el que el hombre llegó a la Luna), se puede decir que este sentimiento nació con el hombre. De hecho, hay casos que permiten entrelazar amistad con todo lo que conlleva el enfrentamiento en una guerra, como ocurriera hace más de 200 años en el caso de Manuel Belgrano y el general español Pío Tristán.

La amistad entre los futuros adversarios y generales tuvo lugar a fines del siglo XVIII en España, más precisamente en la Universidad de Salamanca, donde ambos estudiaron la carrera de Derecho en esta prestigiosa casa de estudios.

Entre charlas de filosofía, latín y aspectos ecónomicos, los amigos se recibieron de abogados pero ambos sabían que en su horizonte se avecinaba el aspecto militar. Uno de ellos para intentar acabar con la opresión española de hace siglos, y el otro para defender lo que la corona realista había logrado obtener a base de sangre y fuego. El tiempo los distanció pero las cartas entre ambos seguían manteniendo esa "chispa de amistad".

Con el paso de los años, el general Manuel Belgrano fue el estandarte de las guerras de la independencia en favor de los patriotas, logrando victorias y derrotas ante los realistas en el Alto Perú, Paraguay, la Banda Oriental y el norte argentino.

Por el lado de Pío Tristán, su ascendente carrera militar estaba acompañada del parentesco con su primo José Manuel de Goyeneche, quien era el principal comandante de las fuerzas españolas en Perú, y fue el terror nacional en las campañas llevadas a cabo en el norte.

Ambos sabían que un enfrentamiento entre ellos se encaminaba en poco tiempo, y en febrero de 1812 (meses antes de la batalla de Tucumán), Belgrano le escribió una carta a su amigo, diciendo: "Mi querido Pío: ¡Cuán distante estaba yo de venir a escribirte en estos lugares! La enfermedad de Pueyrredón (Juan Manuel) me ha conducido hasta aquí desde las orillas del Paraná donde me hallaba con mi regimiento, poniendo una puerta impenetrable para todos los enemigos de la patria. Fui el pacificador de la gran provincia del Paraguay. ¿No me será posible lograr otra tan dulce satisfacción en estas provincias? Una esperanza muy lisonjera me asiste de conseguir un fin tan justo, cuando veo a tu primo (José Manuel Goyeneche) y a ti, de principales jefes".

La batalla de Tucumán se hizo presente y fueron los patriotas los que se alzaron con una gran victoria frente a los españoles, luego del exitoso "éxodo jujeño". Sin embargo, a fines de febrero de 1813, volvieron a verse las caras en la batalla de Salta y también aquí vencieron los nuestros.

Las caras de Belgrano y Pío se reunieron nuevamente tras algunos años, y el prócer argentino tuvo un gesto que mostró su humanidad y su amistad con el realista: decidió no fusilar a nadie y liberar a los prisioneros en el Alto Perú, además de denegar la entrega del sable de su amigo como significado de rendición.

La historia dice que parte de los prisioneros españoles liberados volvieron del Alto Perú y derrotaron a Manuel Belgrano en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, pero sin Pío Tristán, quien cumplió su juramento ante su amigo de no volver a atacar al ejército patriota.