El gobierno del presidente brasileño, Michel Temer, sufrió este martes un duro revés en el Congreso luego de que una comisión del Senado rechazara por 10 votos contra nueve la reforma laboral, que es uno de los principales proyectos del oficialismo en el marco de sus reformas de ajuste económico.

El informe del diputado Ricado Ferraço, del oficialista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), fue rechazado por la Comisión de Asuntos Sociales del Senado, que votó en cambio un texto alternativo del opositor Paulo Paim, del Partido de los Trabajadores (PT).

"No deja de ser una derrota para el gobierno, pero nada cambia en la tramitación de la reforma laboral", dijo el líder del gobierno en el Senado, Romero Jucá, fiel asesor de Temer, del gobernante Partido del Movimiento de la Democracia del Brasil (PMDB).

El texto de la reforma laboral -que en su principal ítem elimina la figura de los sindicatos de la negociación salarial entre las patronales y empleados- ya fue aprobada por la Cámara de Diputados y ahora está en trámite en comisiones en el senado.

Además de la Comisión de Asuntos Sociales, el texto debe ser debatido en la Comisión de Constitución y Justicia y en la Comisión de Asuntos Económicos.

Las resoluciones de la tres comisiones serán elevadas al pleno del Senado, pero la derrota en la primera en tratarse la ley dejó entrever las “traiciones” de algunos aliados con la reforma laboral.

La derrota del gobierno se produce en medio de una jornada de protestas en las principales capitales del país contra las reformas laboral y jubilatoria que impulsa el gobierno de Temer, que apuesta a esta agenda para mantener el apoyo político y del poder económico, en medio de un escándalo de corrupción que lo afecta directamente.

Temer llegó este martes a Rusia para una visita que termina el sábado y que incluye también Noruega, con lo cual el país está a cargo de Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados.

"No podemos votar esto, dar un aire de normalidad a este escándalo que vive el país", dijo el senador LIndbergh Farias, del PT, en la comisión que tuvo varias discusiones y gritos entre los parlamentarios.