OPINION

11 de marzo de 2017

Que el hartazgo no les sea indiferente

Por Walter Calabrese

 



La CGT tenía la oportunidad de mostrarle al gobierno que sin paritarias los sueldos pierden por goleada frente a la inflación y a los ajustes permanentes. La movilización venía con el impulso de las bases y con la fuerza del agobio de la población, cansada y molesta frente a la crisis económica que debe afrontar cada familia a diario. La gente  había contenido por más de un año el grito de auxilio, la mesa estaba servida para ordenar el plato que sacie tanto descontento. Sin embargo, el triunvirato cegetista armó un relato tibio, que resultó tan insípido ante la rigidez que ostenta el gobierno que la rabia explotó al fin del acto.
 
Muchos analistas oportunistas, funcionales siempre a la retórica de la actual administración nacional, buscaron inmediatamente culpables para provocar más sangrías dentro del movimiento sindical e, incluso, intentar habilitar un ataque contra la posible unidad del peronismo. Lo cierto es que hay diferencias irreconciliables entre los caciques gremialistas, algunos no comulgan con la idea de un paro porque han anestesiado sus conciencias cuando el gobierno les fue llenando sus bolsillos. Los sindicatos más importantes fueron los que recibieron 30.000 millones de pesos para sus obras sociales, la caja mágica que sostiene el margen de maniobra político de los gremios. Ese dinero proviene de una deuda que tenía el Estado con los sindicatos, que aceptaron inmediatamente la propuesta, entre ellos, el gremio de Empleados de Comercio y Servicios de Cavalieri, que obtuvo unos 700 millones. Con ese dinero pudo silenciar el grave momento que sobrelleva el rubro comercio, que ha sido uno de los que más han bajado persianas. Otros, responden directamente al gobierno, como Hugo Moyano, Barrionuevo y el oficialista Andrés Rodríguez de UPCN. En la reunión pactada no asistieron Omar Maturano de la UTA ni Roberto Fernández de CATT, puesto que siguen en tratativas por la negociación de subsidios con el gobierno.
 
En una nota del diario Clarín, se blanqueó el tema de que el presidente Macri había hablado con los líderes de la CGT para persuadirlos de evitar la convocatoria a un paro nacional. También trascendió que el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, se comunicó con el triunvirato y con Andrés Rodríguez. En ese contexto, los dirigentes sindicales quedaron atrapados entre la disyuntiva de sostener “los canales de diálogo” que mantienen con Balcarce 50 o tomar las riendas de la protesta contra la angustiante crisis económica. Por el resultado de lo relatado por Daer, Schmid y Acuña, al anunciar el paro sin fecha, el gobierno logró parte de su estrategia de dilatar la idea de una huelga general, pero la jugada los dejó con una CGT que quedó debilitada ante la sociedad y el grueso de los trabajadores. Al grito de poné la fecha… el descontento de distintos sectores que están siendo arrinconados por las políticas económicas encaradas por Cambiemos, puso en evidencia la crisis de representatividad que aqueja a la central obrera. Es que ya no quedan dudas de que postergaron la decisión porque el gobierno influyó en ello, la población vio la jugada y volvió a pensar en la burocracia sindical que pacta según las necesidades de sus dirigentes para sostenerse en sus sillones.
 
Pero la tensión interna de la CGT no es en realidad una buena noticia para el oficialismo, puesto que puede quedarse sin interlocutores válidos para sostener la idea de comprar tiempo. Sin duda, el actual gobierno sigue sin ir al oculista, mira con una extraña miopía la realidad, sólo observa lo macroeconómico y los negocios de sus aliados empresarios, pero no revisa las necesidades de la población, no puede verlas porque se mueven en las alturas que suelen visitar los CEOs. Por ello, parte del pueblo vislumbra que no se puede esperar mucho de una Ceocracia, de un gobierno de ricos para amigos ricos.
 
Algunos sostienen que para dar un mensaje contundente están las urnas y no los paros. No obstante, en las urnas tampoco se ve la realidad, porque el Pro compró punteros en todas las zonas carenciadas y porque construyó un discurso de la felicidad simplificada envuelta en la idea del cambio. Así, el marketing político y las campañas sucias llevaron a este presidente a Balcarce 50. A ese tipo de campaña hay que estar atentos para que no se repita la estafa electoral con sus propuestas vacías de contenidos comprobables. Por eso las movilizaciones tienen sentido cuando no se escucha a la población, es una manera de ir levantando la voz ante la falacia de que este gobierno viene a defender la transparencia. La realidad marca lo contrario: Avianca, el Correo, las sospechas sobre funcionarios cercanos y familiares, el dinero fantasma de la vicepresidenta…y la lista sigue.
 
En la movilización del 7 de marzo los trabajadores sencillamente pidieron a gritos ayuda, porque no pueden llegar a fin de mes y porque se están perdiendo fuentes de trabajo. Esa es la única realidad que sobrepasa a cualquier especulación política.
 
Frente a ese legítimo reclamo aparecieron los dirigentes de la CGT mostrando su tibieza, quedando muy lejos de lo que pedían los trabajadores: un fuerte reclamo para solicitar al gobierno un cambio de rumbo en la economía. Los tres representantes de la CGT mostraron nuevamente la hilacha: son un amortiguador funcional al macrismo para que no se sientan los cimbronazos de cada bache en que caen los funcionarios de Cambiemos. Con sus bolsillos llenos y las prebendas a sus obras sociales quedaron distanciados de lo que necesitan los trabajadores. Los tildaron de traidores porque no se animaron a anunciar la fecha de un paro. Esa actitud les valió tener que salir huyendo del acto por no escuchar a la gente. A algunos peronistas les vino a la mente la figura de Vandor, quien quiso armar un sindicalismo sin Perón, pues el triunvirato, Moyano y compañía pretenden liderar la unidad del peronismo a su medida. No dan la talla, no han entendido que el movimiento justicialista es un gran paraguas en donde se cobijan distintas vertientes y variantes buscando la cima de la justicia social.
 
Enseguida aparecieron los oportunistas que quisieron acusar por los enfrentamientos en el acto a distintos sectores políticos. Pudieron existir diferencias entre los que asistieron, pero el reclamo tenía un común denominador que supera la chicana política. Los trabajadores habían presionado desde las bases para que se hiciera este acto. La cúpula de la CGT desentonó, sólo pensó en cuidar sus sillones frente al gobierno.
 
El hartazgo de los trabajadores brotó espontáneamente tras un mensaje breve, casi a las apuradas, como si el evento superara sus pretensiones. Esa falta de autoridad para posicionarse seriamente frente a un gobierno que no quiere negociar las paritarias nacionales con los docentes, que pretende instalar la idea de que el 18 por ciento de incremento es algo justo, fue un nuevo cachetazo para miles de almas que acudieron con la esperanza de que sus dirigentes sindicales defenderían sus derechos. Por el contario, la multitud entendió rápidamente que los tres sindicalistas de la CGT son marionetas del gobierno puestas para que no cambie nada. De allí el hartazgo de un pueblo que ya no tolera los tarifazos y la limitación de sus haberes.
 
Los números de la economía son contundentes, en su habitual informe, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina indicó que la pobreza aumentó un 32, 9 por ciento en el tercer trimestre de 2016 y la indigencia subió a 6,9 por ciento. En un año de gestión de Cambiemos 1,5 millones de personas se convirtieron en  pobres y 600 mil cayeron en la indigencia. Macri logró, en su primer año de gestión, uno de los más lamentables indicadores sociales de los últimos años: sumó un millón y medio de nuevos pobres y 600 mil flamantes indigentes.

El informe de la UCA, presentado por el director del Observatorio de la Deuda Social, Agustín Silva, remarcó que la pobreza y desigualdad en los ingresos de los trabajadores argentinos se fue deteriorando por “las medidas de ajuste económico” y la “rezagada inversión privada y pública”. Con lo que “habrían agravado el escenario de crisis, más recesivo y adverso en materia de empleo y poder adquisitivo para amplios sectores sociales”, concluyó.
Tal vez algunas estrofas del himno recitado por León Gieco, Sólo le pido a Dios, nos permitan reaccionar frente a tanta falta de sensibilidad social en la actual administración.
 
“Solo le pido a Dios 
Que lo injusto no me sea indiferente
Que no me abofeteen la otra mejilla…
Solo le pido a Dios 
Que el engaño no me sea indiferente 
Si un traidor puede más que unos cuantos…”
 
El engaño, lo injusto, la traición despierta el recelo de un pueblo maltratado por una gestión de gobierno que ni siquiera los tiene en cuenta. La triste realidad que vive la Argentina da cuenta de que es cierto que en el gobierno son hábiles para la indiferencia, un aprendizaje que viene de la mano de alguien que tienen en sus filas: el mentor y asesor ecuatoriano que les ha enseñado ese extraño arte de burlarse de los electores para sostenerse en el poder a cualquier costo. Pero eso no es tan sencillo. Los errores siempre tienen un costo político en la gestión. Sin orden social la política pierde su sentido, sin justicia social los políticos no tienen oportunidad de permanecer impunes, porque la población que observa como los negociados son para amigos y la familia presidencial, va tomando nota para recordarlo fielmente el día en que se vuelvan a acercar a las urnas.
 
Por más que se quieran mostrar fuertes no dando el brazo a torcer con las paritarias nacionales, sólo están dejando en evidencia su debilidad, porque el que tiene realmente autoridad no necesita hacer aspaviento de su fuerza, al hacerlo quedan en evidencia. No pueden doblar la voluntad popular, puesto que su lealtad viene de las entrañas de su dolor.
 
Un pueblo vapuleado por un gobierno sobre el que se ciernen sospechas de corrupción, no sólo no tiene autoridad moral para hablar de transparencia, tampoco tiene legitimidad para derogar los derechos bien ganados por los trabajadores.
Sólo le pido a Dios que el hartazgo de la gente no les sea indiferente a los señores de Cambiemos, de lo contario la patria y su gente se los demandará pronto.
 

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